Aprender y crecer entre voluntarios

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Cuando tenía 8 años, empecé a jugar a hacer teatro los sábados por la tarde en la escuela Artur Iscla de mi ciudad. Una de las mayores ilusiones que tenía de pequeña era que llegara el “día del teatro”, en el que durante 2 horas aprendíamos a perder la vergüenza subiéndonos a un escenario, a interpretar, a improvisar, a maquillarnos, peinarnos, a cantar, bailar…

8 años y varias obras de teatro después, sin darme cuenta, había pasado todos los cursos. ¿Y ahora qué? ¡Yo no quiero irme! Me propusieron seguir vinculada al proyecto siendo pre-monitora durante un par de años, aprendiendo de las personas que tanto me habían aportado, para después poder ser yo la monitora responsable. ¡Claro que sí! Allí me di cuenta de la grandeza de esta escuela que cuenta con más 300 alumnos y 200 monitores, ¡todos somos voluntarios!

Desde pequeños nos divertimos, formamos y aprendemos para seguir con el legado que nos han dejado. Nuestros monitores, aquellos que mirábamos y admirábamos tanto de pequeños, se hacen mayores, padres y madres de familia, y pasan a ser monitores puntuales de los grupos de adultos.

Los adolescentes de 16 a 18 son pre-monitores, formándose para ser monitores y responsables de grupos a partir de los 18 años. Durante los 18, 19, 22, 25… años…, somos nosotros los que llenamos las tardes de alegría de los pequeños, que seguramente en un futuro, también seguirán nuestro camino de voluntariado cultural. Cuando te haces responsable de un grupo de niños y niñas y ves sus caras de ilusión, nervios, sonrisas, seguramente bastante parecidas a las tuyas años atrás, te das cuenta de la gran oportunidad que tienes de formar parte de una familia tan grande, comprometida y bonita.

Con el tiempo, las nuevas generaciones cogen el relevo, pero la “bolsa de voluntarios” cada vez es más grande, de tal manera, que todos seguimos vinculados a la entidad haciendo clases puntuales, formando parte de los equipos técnicos de obras de teatro (maquillaje, peluquería, vestuario…) e incluso, todavía nos atrevemos a subirnos al escenario. ¡En definitiva, nos hacemos mayores y mejores entre bambalinas!

Me gustaría compartir una frase del gran Charles Chaplin, por si eso te inspira a buscar la escuela de teatro más cercana y unirte a la aventura: “La vida es una obra de teatro que no permite ensayos… por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos. ¿Te apuntas?

Lara Macip

Lara es comunicadora audiovisual, periodista de profesión y actriz amateur de devoción. Es amante del teatro, el cine, los animales y el humor y pertenece al equipo de CiviClub. Puedes conocer mejor a Lara en su twitter @laramacip